martes, 11 de diciembre de 2007

Preñado

Es una mera indigestión eufórica de la medicina. No importa, me siento singularmente bien. Las circunstancias futuras, improbables por demás, están anestesiadas. Por ejemplo, me siento como quien mira los platos justo después de cerrar la llave y acabar de lavarlos. ¿Qué es ese sabor que deja todo lo terminado? Me parece que no se entiende muy bien. Mejor así: si en este instante todo está aparentemente bien ¿cómo está “mañana”? Está bien, porque “mañana” es una idea sencilla de hilvanar con un poco de práctica y comida, como aprender a sumar… Los mañanas, hoy, son todos iguales, como números que se suman al azar, o los juegos geométricos que inventamos después de mucho haber caminado solos. Esto me pone a pensar si la felicidad es un golpe de suerte intempestivo y completamente circunstancial o, conservadas las proporciones, un mañana que se cuela, una suma de ilusión y conformismo.
Sí, pregunte don Javier: ¿y apenas sea medianoche qué? ¿Estaremos metidos en nuestro mañana? En el nuestro no, definitivamente no, sería magia siquiera concebirlo. Los mañanas nos llevan un día de ventaja. Mire, Donja, más nuestro el cuello perfumado de la mujer que recién ha salido del ascensor. Lo que más se ha acercado al futuro es quizá la voluntad, o la fe, lo mismo según mis sumas.
Ahora todo me parece especulación. Un decorado, efímero por demás, y nada digno todavía de llegar hoy a terminarse. Que desconsolada manera de enfrentar el tiempo la que pueden tener unos cuadros arrumados, esperando a que el clavo cumpla su esencial función en el decorado. El cuadro no flota, serio problema para el artista. Le toca enfrentar la pared a martillazos para colgar la pintura de la tía Elma sentada en su luís quince. Más vale que tenga cuidado, pareciera que clavar es un oficio sencillo, pero no, nada lo es. El clavo, para muro, debe ser de acero, suelen ser negros y opacos, en cambio, para madera el clavo es de hierro. Con las brocas parece que funciona de la misma manera y seguro los usuarios de estas herramientas encontrarán otros cuantos símiles. El artista piensa en alguna manera de resolver el horrible problema de martillar o taladrar, es demasiado tarde para hacer ruido. ¿Cómo pego esta cosa? Será inevitable. Podría colgarlos del techo, pero sólo atenuaría el martilleo y me obligaría a cambiar de clavos. En todo caso puede considerarse como un avance en la estrategia contra el ruido.
Después de la euforia, la frustración. Para la digestión una aromática. Medicina y literatura. Crítica y culinaria. Sexo en la cocina, la espalda sobre la piña. Una foto de Klingsor, en cuyo foco un ojo rellena el agujero que una bala ha dejado en un tablón. El triciclo rodando sobre la alfombra, el triciclo rodando sobre el parqué, el triciclo rodando sobre la alfombra… Chávez dice “lacayo”; Uribe alza la mano; Los árbitros ayudan a Nacional. Mejor dicho, el mundo es un horóscopo. Ridículo.

1 comentario:

Beat dijo...

Jaja, ¡el mundo es un horóscopo! ¡Qué genialidad!

Un saludo desde Leo.
Cambio y fuera.