miércoles, 20 de febrero de 2008

Rezando

Más mía que otra cosa. Un experimento con texturas siempre resulta un poco áspero. La diosa del billar anda un poco enojada conmigo y parece que no necesita mucho de mí. Al parecer está celosa. Todo lo que hice fue jugar una partida de póker; Empate. Desempate: el corazón vence al trébol. ¿Quién gana? Yo, por lo menos.

Que se tengan los incrédulos por ateos no me importa. Les basta con deshacer, con destruir. La destrucción puede llegar a ser hermosa, pero ellos no lo saben. Creen que el universo se está acabando y el mundo se está acabando y todo se está acabando sólo porque ellos, pobres mortales, se están acabando.

A medida que les llega el fin, su temor de no hacer historia los lleva a la histeria de la guerra. Miren a nuestro vecino, es casi lo mismo que el superintendente de acá si hubiese prestado el servicio militar. Debe haber un instante entre diástole y sístole para que un hombre no comprenda lo que hace al matar a otro.

Hoy, zarco, te pido lo de siempre: papel para barquitos, el circo y algo de legalización. Gracias por lo del verde.

Amén en todo caso.

jueves, 14 de febrero de 2008

Síntomas

Una eterna mirada hacia atrás implica estar contantemente de espaldas al futuro, de cara al pasado. Mejor dicho; los melancólicos estamos condenados a esta posición que describo, ya que no defino. Es bien difícil definir cualquier cosa que nos caracteriza, claro; es cuestión de objetividad utópica después de un roce de la palabra con la subjetividad.
No sería suficiente con describir estrepitosamente el dolor de nuestros dolores. Sería mi tranquilidad el encontrarme dentro de los dolores de una vida cualquiera, así es la vida, así es; cuando uno se da la vuelta, se da cuenta de que no tiene nada, y de que los nombres que le poníamos a las cosas no eran sino paliativos afectivos, nominales por demás, para que en los peores días de la soledad tuviésemos con qué fabular.

Pobre yo, no sería capaz de ir a la esquina sin miedo de ver algunas caras que me salan las llagas. Así es la vida, decía don Manolo, y no es que yo lo haya descubierto, no, ya mi papá me lo decía y seguro es algo que comprenderemos sólo los que hemos soñado todo el tiempo, los platónicos, los eternamente platónicos; los enamorados del fin y jamás de los medios.

martes, 15 de enero de 2008

cuestiones de territorio




Podemos encontrar en las plantas medicinales muchas soluciones a plagas y otro tipo de problemas que afectan a nuestro huerto, ya sea a las plantas, la horticultura o a los árboles. Debemos tomar conciencia de los recursos naturales que nos ofrece la propia naturaleza para solucionar este tipo de problemas y no echar mano de pesticidas y fungicidas que a la larga tan solo producen daños irreparables.

martes, 11 de diciembre de 2007

Preñado

Es una mera indigestión eufórica de la medicina. No importa, me siento singularmente bien. Las circunstancias futuras, improbables por demás, están anestesiadas. Por ejemplo, me siento como quien mira los platos justo después de cerrar la llave y acabar de lavarlos. ¿Qué es ese sabor que deja todo lo terminado? Me parece que no se entiende muy bien. Mejor así: si en este instante todo está aparentemente bien ¿cómo está “mañana”? Está bien, porque “mañana” es una idea sencilla de hilvanar con un poco de práctica y comida, como aprender a sumar… Los mañanas, hoy, son todos iguales, como números que se suman al azar, o los juegos geométricos que inventamos después de mucho haber caminado solos. Esto me pone a pensar si la felicidad es un golpe de suerte intempestivo y completamente circunstancial o, conservadas las proporciones, un mañana que se cuela, una suma de ilusión y conformismo.
Sí, pregunte don Javier: ¿y apenas sea medianoche qué? ¿Estaremos metidos en nuestro mañana? En el nuestro no, definitivamente no, sería magia siquiera concebirlo. Los mañanas nos llevan un día de ventaja. Mire, Donja, más nuestro el cuello perfumado de la mujer que recién ha salido del ascensor. Lo que más se ha acercado al futuro es quizá la voluntad, o la fe, lo mismo según mis sumas.
Ahora todo me parece especulación. Un decorado, efímero por demás, y nada digno todavía de llegar hoy a terminarse. Que desconsolada manera de enfrentar el tiempo la que pueden tener unos cuadros arrumados, esperando a que el clavo cumpla su esencial función en el decorado. El cuadro no flota, serio problema para el artista. Le toca enfrentar la pared a martillazos para colgar la pintura de la tía Elma sentada en su luís quince. Más vale que tenga cuidado, pareciera que clavar es un oficio sencillo, pero no, nada lo es. El clavo, para muro, debe ser de acero, suelen ser negros y opacos, en cambio, para madera el clavo es de hierro. Con las brocas parece que funciona de la misma manera y seguro los usuarios de estas herramientas encontrarán otros cuantos símiles. El artista piensa en alguna manera de resolver el horrible problema de martillar o taladrar, es demasiado tarde para hacer ruido. ¿Cómo pego esta cosa? Será inevitable. Podría colgarlos del techo, pero sólo atenuaría el martilleo y me obligaría a cambiar de clavos. En todo caso puede considerarse como un avance en la estrategia contra el ruido.
Después de la euforia, la frustración. Para la digestión una aromática. Medicina y literatura. Crítica y culinaria. Sexo en la cocina, la espalda sobre la piña. Una foto de Klingsor, en cuyo foco un ojo rellena el agujero que una bala ha dejado en un tablón. El triciclo rodando sobre la alfombra, el triciclo rodando sobre el parqué, el triciclo rodando sobre la alfombra… Chávez dice “lacayo”; Uribe alza la mano; Los árbitros ayudan a Nacional. Mejor dicho, el mundo es un horóscopo. Ridículo.

lunes, 3 de diciembre de 2007

En el riel



Por ejemplo esta tarde que estuve viajando en taxi hasta la terminal, me gané quizá unos pesitos, pero no dejé de trabajar por la noche, aunque no sea propiamente trabajar, y no por la escritura sino por lo injustificable dentro de las urgencias que me atosigan. Atosigan. Atosigan.
Llegó a darme risa la manera en que se comportaba cuando contestaba el celular, dos dedos de frente para que no perdás el hilo de las cosas de esta manera tan estúpida. Es mucho lo que tienes por hacer, es necesario que trabajés bastante, que escribás, un libro del putas y que a fin de cuentas te dejés de maricadas en la vida. Eso sí, la bareta no me la toque. Orden en las comidas, orden en el sueño, orden en el trabajo, orden con el dinero. A sus órdenes mi capitán. Sí, don Luis pase, no se quede ahí aguantando el jaramillo que usted es bien pálido y luego se me quema. No doña Luisa, no quiero que me eche cremas en la cara, por favor, no, doña Luisa, no mi amor. Entonces te toca que yo te lo diga por otros medios ya que no me permites decírtelo. Te llamo, no, no te llamo, no te he llamado, seguro te dejé una perdida, es imposible porque no tengo minutos, se me fue la hora, no sé qué pasó, dónde estabas, qué, que dónde estabas, en la calle doña Luisa, por qué no me cree. Mírese al espejo, venga. Está lleno de labial por todos lados. Me choqué con un payaso. Le creo. Le creo. Sí, yo también. Es necesario que escriba algo bien bien-bien-bien bonito. Hasta ahora tengo muchos pedazos sin pegar y quizá mucho más de lo que quisiera porque me gustaría haberlos escrito antes, con más calma. Sin embargo ahora creo que simplemente tengo que cogerle el hilo al tema con lo que estoy viviendo en el día a día, porque o si no, me va a tocar inventar demasiada cosa y quizá me quede algo muy pelle, tengo que hacer algo muy bueno. Seguramente no soy una bestia escritora (nada deslumbrante) y vaya a enfrentarme a un fracaso de grandes proporciones. No, no importa, lo cierto es que estos seis meses han sido de puritico descanso académico. Necesito dejar de hablarme, necesito descomponerme de este delirio en el que me ahoga la soledad. Comienzo a oír algunas cosas, no, no deben ser de arriba, ya no huele a petróleo, ni huele a nada ni me gustan las cosas esas que asustan, y claro, como no me gustan, pues jamás he visto una. Acepto que lo más fantasmal que siento es un leve miedo de que, de existir, se sientan enojados conmigo. Bastaría con que me encañonaran para cambiar de decisión, esclarecer los hechos y matarme de una vez; así que, mi don, y doña, vámonos todos para la mierda que si no nos van a matar aquí mismo. Las deudas están pagas, no te preocupés. Ahora tenemos que estar concentrados, sobretodo yo, porque papá puede extraviarse un tanto si se le deja actuar con trago y sin calma, al menos esa es la tesis de doña Berta, que sin duda le quiere pero que tiene en su hundimiento un motivo para sentirse, al menos, acompañada con el mal de tontos. Y el mal de tontos del que aquí estoy hablando, el mismo que casi me lleva a la verdad mágica del saber contemporáneo (dinero) y me da acceso a la libertad con un aforo gigantesco de decepción divina, sin grasas casi como si fuera una empanada argentina o de vaca, de esas que venden en Ollantaitambo, si en el Perú, porque yo estuve en el Perú. ¿Sí? Qué asco dice la doña, que sueña con Miami, con un último piso y todas esas cosas. Bueno, yo mejor me voy, además ya son las diez y cuarto y me dije que sería la hora a la que acabaría de escribir a modo de primer contacto con el teclado, me sirvió, ya que me quedan segundos, para conseguir pensar escribiendo. Es un ejercicio suave, pero muy falto de coherencia, inmanencia y seguramente con muchísimos errores. Es posible que haya unas cuantas ideas que pueden distribuirse o agruparse para algunos trabajos posteriores… lo siento acaba de decir la muerte que son las 10:15.